La Milagrosa cincuenta años después...reseña de nuestro párroco Rvdo.D.Francisco González González.


Todos los años, el 27 de noviembre, se renueva el “milagro” de la medalla Milagrosa. Son muchos y muchas quienes deseamos que llegue, pues nos recuerdan tantas cosas…

En nuestra parroquia de San Fernando se celebra con toda solemnidad, ya que las Hijas de la Caridad y la Legión de María, se preocupan de todo, y preparan la celebración con todo detalle y de forma sencilla y animada. Es verdad que no es de las fiestas parroquiales que hagan llenar el templo, pero los y las que asisten a la misma, vienen buscando acercarse a María, la mujer, no de grandes milagros, sino la mujer de los pequeños detalles, como el de las bodas de Caná: “No tienen vino”, o, “Hagan lo que Él les diga”, o, “He aquí la esclava del Señor”, o “Hágase en mí según dices”. Pequeños, pequeñísimos detalles.

Ya en la homilía comenté, que todos podemos hacer milagros. No esos que corren por el mundo entero y asombran a tantos. No. Son esos pequeños detalles o milagros diarios que podemos hacer cuando nos miramos a los ojos, para perdonarnos, para amarnos, para comprendernos, para disculparnos, para valorarnos, para darnos la paz, para sentir la presencia del otro escuchándole. Esos son los milagros diarios que a veces no valoramos y que dan de sí y a entender que nos dejamos guiar por Ella, por la Milagrosa.


Particularmente quiero recordar y agradecer un acontecimiento que sigue marcando mis 50 años de sacerdote. Fue, precisamente, el 27 de noviembre de 1968. Habíamos celebrado la misa Don Francisco López (gran sacerdote y gran amigo; él decía de mí, como San Pablo, es “mi hijo”) y yo, en la capilla de la entonces Leprosería, hoy, el Dermatológico. Allí estaban las Hijas de la Caridad celebrando su día. Y por la tarde, salía, lloroso, desde la casa de mi hermana Generosa, en San José de las Palmas de Gran Canaria, rumbo a Lanzarote, a mi nuevo destino: Coadjutor de San Ginés, en Arrecife, y encargado de la parroquia, que acompañaría durante mis 10 primeros años de sacerdote, San José Obrero, Santa Coloma, por entonces, y Titerroy, hoy. Años vividos en plenitud por la juventud, 25 años, y por la novedad de ser los que haríamos la transición de sacerdotes mayores a jóvenes. Juventud, divino tesoro.

Pues doy las gracias al buen Padre Dios por vivir ayer y seguir celebrando este gran día, La Medalla Milagrosa, después de 50 años.

Felicidades, Hijas de la Caridad – Felicidades Legión de María – 

Felicidades parroquia de San Fernando.

¡¡ GRACIAS SEAN DADAS A DIOS Y A MARÍA!!